El que estudiar, que sería en un futuro y como me proyectaba nunca había sido razón de cuestionarme o preocuparme. Pues desde muy pequeña cuando mi mamá me llevaba al médico, le preguntaba que profesión era esa, y que especialidad era, a lo que yo respondía que quería ser ello. Durante toda mi infancia, mi primaria y bachillerato en mis tareas y trabajos acerca de proyecto de vida y temas por este estilo, seguía con la fiel determinación de que quería ser médica. Para mis compañeros, mi familia yo era médica... sin haber entrado a la carrera. Mis cambios con respecto a medicina, se limitaban a la especialidad. Comencé con pediatría, seguí con cirugía plástica reconstructiva, luego dermatología y mi sueño ideal era neurocirugía, compleja especialidad de gran reconocimiento.
A lo largo a mi vida también había pensando en diversos "Plan B" como arquitectura, diseño gráfico, comunicación social y publicidad pero no había llegado aquella carrera que me hiciera cambiar de decisión con respecto a medicina.
Cuando me encontraba en once empece a reconsiderar y a revaluar acerca de aquella decisión inminente de estudiar medicina, ya que no sería fácil entrar a aquella carrera y menos donde pretendía, en la Universidad del Valle; a pensar realmente en el "Plan B" como Plan B como segunda opción, pero una segunda opción que también me hiciera feliz y no como se diría popularmente porque toco. A mi misma me decía, lo que elija sera lo que llevare acabo durante mi vida y siempre había pensando que no es vida levantarte y llevar a cabo tu profesión por necesidad y no por pasión.
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